El sol habìa caìdo ya cuando el hombre, doblado sobre la cintura en el fondo de la canoa tuvo un violento escalofrìo. Y de pronto, con asombro, enderezò pesadamente la cabeza: se sentirìa mejor. La pierna le dolìa apenas, la sed disminuìa, y su pecho libre ya, se abrìa en lenta inspiraciòn. El veneno comenzaba a irse, no habìa duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenìa fuerzas para mover la mano, contaba con la caìda del rocìo para reponerse del todo. Calculò que antes de tres horas estarìa en Tucurù - Pucù. El bienestar avanzaba, y con èl un somnoliento retardo de la respiraciòn. No sentìa ya nada en la pierna ni en el vientre.¿Vivirìa aùn su compadre Gaona en Tucurù.Pucù?. Acaso viera tambièn a su ex-patròn mister Dougald, y al recibidor del obraje. ¿Llegarìa pronto?....El cielo, al poniente, se abrìa ahora en inmensa rosa, y el rìo se habìa coloreado tambièn. Desde la cristalina sombra que velaba el agua bajo la selva oriental, el monte enviaba su frescura crecuspular en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de loros cruzò en silencio el Paraguay. Allà abajo, sobre el rìo iluminado,la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sì misma ante el borbollòn de un remolino. El hombre que iba en ella se sentìa cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que habìa pasado sin ver a su ex.patròn Dougald. ¿Tres años?. Tal vez no, no tanto.¿Dos años y nueve meses? Acaso ¿Ocho meses y medio?. Eso sì, seguramente.
De pronto sintiò que estaba helado hasta el pecho...¿Que serìa?....Y la respiraciòn tambièn...Al recibidor de maderas de mister Dougald, Lorenzo Cobilla, lo habìa conocido en Puerto Deseado, un viernes santo....¿Viernes?..Sì, ò Jueves....El hombre estirò lentamente los dedos de la mano - Un Jueves............
Y cesò de respirar..............
Escrito por: HORACIO QUIROGA ( 31-12-1878 - 18-11-1937) |